30 de septiembre de 2009

『Sin título 3』 Yuki Nagato

Un ataúd negro permanecía en la habitación. No había nada más.
Encima del ataúd, en mitad del oscuro cuarto del club, estaba sentado un único hombre

“Buenos días.”

Él me dijo a mí. Estaba sonriendo.

Buenos días.

Mientras me quedaba ahí de pie, una prenda de ropa blanca apareció de detrás del hombre. En medio de la oscuridad, la prenda fue recubierta por una luz pálida.

“Perdón por llegar tarde.”

Dijo la prenda blanca. O mejor dicho, la persona que estaba llevando la larga prenda de ropa blanca. Aunque había agujeros donde deberían estar los ojos, pupilas negras estaban mirándome.

Parece ser que quien está dentro es una chica. Podía decirlo por la voz.

El hombre rió con una voz suave.

“El recital aún no ha empezado.”

El hombre no se movió de encima del ataúd.

“Aún queda tiempo.”

El recital.

Estaba recordando algo. ¿Qué iba a ofrecer yo hoy aquí? Rápido, ahora. Pero no podía recordarlo.

“Hay tiempo.”

Dijo el hombre. Me estaba sonriendo. La chica blanca que se apareció danzaba feliz alrededor.

“Esperaremos. Hasta que lo recuerdes.”

Dijo la chica. Miré al ataúd negro.

Sólo había una cosa: Recordé porqué estaba yo aquí.

Mi lugar está dentro del ataúd. Yo he venido de ahí, y he vuelto aquí para poder regresar. Pero el hombre estaba sentado sobre el ataúd. Hasta que él no se vaya, yo no podré entrar.

Sin embargo, no había nada en mí que pudiera ofrecer. No estaba cualificada para unirme al recital.

El hombre empezó a cantar con una voz suave, sincronizándose con el baile de la prenda blanca.

Hasta que él no se vaya, yo no podré entrar.




Suzumiya Haruhi no Fungai, pag. 60

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